viernes 12 de agosto de 2011

El Desierto de Gorafe, una jornada de estrellas y aves poco frecuentes

La tarde de un viernes de julio partí con mi maestro Antonio R. Mariscal hacia tierras granadinas a practicar una de mis afcionones favoritas, la fotografía, con especies de aves poco frecuentes en la zona en donde vivo.

Llegando al mencionado lugar, pudimos disfrutar de un par de Carracas en las ruinas de una casa abandonada. Siguiendo la carretera que nos llevaba a nuestro destino, nos cruzamos con una familia de Perdices rojas con cinco perdigones ya volanderos del tamaño de codornices. Es curioso ver como con ese pequeño tamaño ya tienen las retrices definidas en coloración como en los adultos.

Siguiendo el camino, nos "acompañó" un Águila culebrera con su majestuoso vuelo a poco altura (no mas de 3 metros del suelo) escudriñando supongo cada rincón del suelo en busca de ofidios y otros reptiles. Poco tardamos en avistar a las incansables Terreras comunes escoltando el vehículo. En la misma zona, Palomas torcaces, Águilas calzadas y perdiceras se dedicaban a montar guardia en el encinar previo al Desierto de Gorafe.

Justo antes de bajar a los desfiladeros y cañones propios del paisaje karstico, las Collalbas rubias y negras nos daban la bienvenida acinadas en un pequeño terrón sobresaliente del área de labor secana, en donde los Alcaudones comunes y meridionales se apostaban en lo más alto de los áboles de la zona.

Ya en medio de los cañones, la silueta de un falconiforme "colicorto", con alas muy largas y estrechas despertó nuestra curiosidad. Una preciosa hembra de Alcotán (con presa en sus garras) se paseó delante nuestra a todo lo que sus alas podían darle. Que demostración de poderío y velocidad!!!!

Pronto dejamos todo dispuesto para la jornada de fotografía que nos esperaba al día siguiente, mientras ejércitos de murciélagos iban bajando al charcón a cazar los emergentes mosquitos que como cabía esperar, esa noche se iban a dar un festín a costa de los dos pobres fotógrafos que se disponían a hacer noche en sus dominios.

Antes de dormir, y casi por casualidad, miré al cielo y pude admirar en todo su explendor el maravilloso espectáculo que ofrecían las estrellas del universo. En pocas y contadas ocasiones he podido disfrutar tanto tiempo de un firmamento tan estrellado y despejado mientras oía el reclamar de los Búhos reales.


Después de las pertinentes fotografías, a la tienda a dormir, porque nos esperaba una jornada repleta de emociones difíciles de olvidar.

Ya por la mañana, nos dirigimos hacia los hides montados la tarde anterior casi casi sin haber un atisbo de claridad. Aún seguían los quirópteros patrullando el charcón mientras Escribanos montesinos y los primeros Pardillos comunes se iban acercando a beber.

Poco tardamos en escondernos. Fue hacerlo y bandos de Gorriones chillones junto con los deseados Camachuelos trompeteros se acercaban a las orillas a calmar su sed.

Juvenil de Gorrión chillón Petronia petronia


Macho de Camachuelo trompetero Bucanetes githagineus

Poco a poco iban acercándose al oasis las especies del lugar. Carboneros comunes, Zarceros comunes, Jilgueros, Verdecillos, Tarabillas comunes, Colirrojos tizones...

Juvenil de Colirrojo tizón Phoenicuros ochruros aterrimus

El charco era un hervidero de aves, que de vez en cuando daban una estampida sin realmente conocer el motivo. Una de las veces sí que pudimos comprender una de ellas ante el paso de la reina del lugar, el Águila perdicera, escoltada por un Halcón peregrino. Las Cogujadas montesinas se sumaron a la fiesta del agua.

Cogujada montesina Galerida theklae

Juvenil de Camachuelo trompetero Bucanetes githagineus


A la media hora de estar escondidos, y mientras segían bajando aves a beber, comenzaron a llegar a los alrededores las Tórtolas comunes y las Palomas bravías. Entre el arrullo de ambas, pude distinguir un tercer arrullo de una especie muy especial, la Paloma zurita. Hasta tres machos pudimos oír con claridad.

Poco a poco se iban acercando las Tórtolas comunes hasta dar el paso definitivo y entrar a beber al charco.

Tórtola común Streptopelia turtur

Pensamos que tras la bajada de las Tórtolas comunes a beber, lo harían las Palomas bravías pudiendo darse el caso de que también lo hiciesen así las Palomas zuritas. Fueron momentos de alta tensión, por las rajillas del hide podía ver a las zuritas en lo alto del cortado, mirando hacia el charco, recelosas de entrar a beber. Pero como el calor iba apretando y la tentación del agua es infinitamente superior a la sensación de miedo o desconfianza, la tan deseada Paloma zurita se dignó a bajar a beber. Fue entonces cuando le pude diparar unas cuantas fotos.

Paloma zurita (Columba oenas)

Acto seguido, seis Tórtolas comunes bajaron a beber, y allí mismo dos machos adultos se dedicaban cantos y bailes, en lo que parecía disputarse la compañía de las hembras presentes. Luego un juvenil de Tórtola me dejó hacerle unas cuantas fotos, con las que cerramos la sesión de fotografía en el Desierto de Gorafe.

Juvenil de Tórtola común Streptopelia turtur

Nos marchamos de allí con la tarjeta llena de imágenes, pero sobre todo con el recuerdo y la retina llenas también de sensaciones inolvidables que espero volver a repetir algún día.



1 comentarios:

AVIFAUNA DE ALEX dijo...

Tienes un blog muy bueno,con unas especies fantasticas,en ésta ultima serie me ha encantado el camachuelo,habra que visitar esas zonas poque tengo ganas de verlo,enhorabuena por los fotones,Saludos desde Málaga.